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HAGASE EN MI

Al término del novenario  en honor de Nuestra Santa Madre,  Santa María de Jesús Sacramentado,  seguimos  haciéndonos acompañar por Élla, para que nos ayude a meditar y profundizar en el misterio del amor de María,  pues la amó entrañablemente y nos recomendó adentrarnos en su Inmaculado Corazón,  como en la escuela por excelencia para aprender a amar a su Hijo,  Jesús.

Nuestra Santa Madre, expresó en alguna ocasión, “tengo muchas ganas de ver a María”, y siempre que tenía oportunidad, la aclamaba, pidiéndole con grande fervor:  “Madre mía, enséñame a amar a Dios como tú le amas”.  Seguramente en ella se inspiró para escoger  su nuevo nombre el día de su consagración:  “MARÍA”,   que luego le orienta  a“ JESÚS SACRAMENTADO”,  a quien tanto amó, y del  cual se nutrió y fortaleció espiritualmente, disponiendo para Él todo su afecto y la adhesión de su entera voluntad:  “Mi Jesús Eucaristía, ¿qué queréis?, ¿qué mandáis a esta tu sierva en este nuevo día? “.  ¡Nadie hay mejor que pueda enseñarnos esa cercanía y amor a Jesús que María Santísima y los santos, como Santa María de Jesús Sacramentado, queaprendieron de Élla a ser discípulos de Jesús! colaboradores en el anuncio de la Buena Nueva.

María, llena de Dios, habitada plenamente por su Espíritu desde el momento de su “FIAT”, o “Hágase  en mí”, nos muestra la seguridad que le dispensa la fe en Aquel que le ha dado la vida y cuanto en ella es. Nos ofrece en su generosa donación al proyecto de Dios, el testimonio vivo de su competencia, por esa misma fe,  contra la vanidad de lo que si bien es real y útil, se vuelve tan relativo junto al proyecto divino, volviéndole por el solo don de su gracia, capaz de mantenerse firme, contra toda desesperanza o temor.
María, durante toda la vida al lado de su Hijo,aprendió a estar tan unida a Él, que nunca apartó de Él su corazón, por lo que en su vida terrena,  o al término de la misma, permaneció y sigue hasta el día de hoy,  anclado su corazón en el Corazón de Cristo, haciendo de su relación filial con Él, el puente y camino para nosotros, sus hijos e hijas, según la herencia de Cristo crucificado, clavado en la cruz, pero pleno en su entrega  para ser  vivificado en el Espíritu y devolver a todos el acceso a la Vida, la salud-salvación.

Meditemos la profundidad del amor de María por su Hijo Jesucristo, meditemos la ternura que hay en su corazón y la estrecha cercanía en la que nos invita a permanecer también hoy a nosotros, a hacer lo que Él nos dice ahí en la intimidad de nuestro corazón, a ponerlo por obra en la vida cotidiana, en la misión  que nos confía a cada uno.    María, que no escatimó esfuerzo alguno, más aún, anheló y buscó con ahínco el momento y la forma de ponernos a la escucha del Maestro y manos a la obra en su Palabra (Jn. 2,1-10: el milagro en las bodas de Caná), sigue sin duda su misión de madre y maestra, de guía, hacia el puente y camino, que nos vuelve a la Vida y, a la fuente de salud y de paz que manan del único auténtico amor.

Hagamos caso a Nuestra Santa Madre María de Jesús Sacramentado,  y digamos junto con Élla a María: “Madre mía, frena mi lengua, pon en mis labios tu caridad”… ,  ¡que nuestra convivencia diaria sea no solo un encuentro de hermanas en Cristo, sino un llamado a cuantos tratemos y con los que nos relacionemos, para abrazar la fe, un motivo para fortalecer la esperanza y cultivar la creatividad y generosidad en el servicio y la caridad!
La meta, con María puede verse más cerca, porque con su guía y ayuda, descubrimos en la fe el atajo perfecto, la esperanza más elocuente y la caridad más solícita y efectiva, hecha servicio, en el don de sí mismo, con la única prioridad de “vivir y difundir El Amor de Jesucristo”,  privilegiando como Él, la atención a  los más desprotegidos y los más necesitados de su misericordia.

Encomendemos a la Santísima Virgen María, a toda nuestra Congregación, especialmente al arrancar ya con los preparativos de nuestro Capítulo General. Que junto a María, con su intercesión y la de Nuestra Santa Madre, abramos nuestro corazón a este tiempo de gracia, y veamos en cada reto o dificultad, en cada avance o proceso, un acontecimientos de la gracia de Dios, que todo lo puede, que todo lo llena y transforma a la medida de su amor, no obstante la pobreza de nuestros méritos.

Que Nuestra Santa Madre, María de Jesús Sacramentado Venegas, nos alcance por su intercesión, la gracia de amar más a María y la docilidad necesaria para dejarnos conducir por Élla y su Hijo Jesucristo, inspiradas en los sentimientos de su Sagrado Corazón, hasta la completa entrega de nuestra vida.
“ Dios te salve, Reina y madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra…”

Terminemos nuestra reflexión entonando  el canto:   INMACULADA VIRGEN MARÍA…



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