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La casa de José en el Cielo

Administrar la Unción de los Enfermos no es un acto mágico sino una celebración en la que invocamos el nombre del Señor Jesús a favor de algún enfermo. Sin embargo, mucha gente no conoce bien el sacramento y no participa de la oración como presencia salvífica de Dios no sólo en el plano espiritual del hombre, sino también en el físico. En Corea hay cristianos que al ser invitados a recibir la Unción de los Enfermos piensan en la extremaunción, que es el último sacramento, después del cual sobreviene la muerte. Por ello prefieren no recibirlo, o los familiares nos piden rezar en voz baja: “No vaya a escuchar la oración y se asuste nuestro enfermito”. También es frecuente que se solicite la pronta presencia del sacerdote sólo cuando una persona entra en agonía.

 

Por estas ideas muchas veces el sacramento se administra tarde, cuando el enfermo está inconsciente o no puede participar y comprender el sentido de la gracia que recibe. Esto provoca que los pacientes se queden con miedo por la cercanía de la muerte, en lugar de tener un robustecimiento de su fe en los momentos difíciles de su vida.

Jesús mandó a los discípulos a anunciar el Reino y a curar a los enfermos (cfr. Lc 9, 2). De ahí que en la actualidad se busca que el sacramento se suministre después de una preparación adecuada a cada enfermo según sus circunstancias particulares. En Corea contamos con 10 centros de educación para una pastoral clínica, donde se dan cursos de cuatro meses, de forma que se proporcione una mejor atención en hospitales tanto católicos como no católicos.

En el Hospital San Carlos se cuenta con un piso para los enfermos terminales de cáncer, donde se les da una atención especial a fin de que vivan lo más consciente y humanamente posible el paso de este mundo a la eternidad. Un ejemplo lo vi con Mariana, una joven que se dedicó a pintar y hasta expuso sus cuadros en el recibidor del hospital. Ella recibió el Sacramento de los Enfermos y me dijo: “Padre, ahora sí estoy lista para lo que Dios quiera darme”.

Otro caso fue el de José, quien tuvo una preparación adecuada junto con su familia y recibió la Unción de los Enfermos. Con seguridad y confianza aceptó su realidad y continuó su vida creciendo para el encuentro con el Señor, e incluso celebró su cumpleaños al lado de su esposa y de su hijo, que le regaló una casa hecha por él mismo, con la encomienda de que construyera una igual en el cielo para cuando volvieran a reunirse.

 

La muerte es parte de nuestra naturaleza humana, pero con la fuerza del Espíritu comprendemos también su condición sobrenatural.

(Texto de \"ALMAS\". Publicación mensual, Misioneros de Guadalupe.  Julio 2013)

P. Ignacio de la Garza Evia Ugarte, MG.



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